Vitaminas Liposolubles

Vitaminas Liposolubles:

En este grupo encontramos vitaminas que se disuelven en disolventes orgánicos, grasas y aceites. Se almacenan en el hígado y en los tejidos adiposos, pudiendo estar ausente en nuestra dieta por cierto tiempo sin riesgo a presentar síntomas carenciales.
Si se consumen en exceso pueden llegar a resultar tóxicas. Esto puede ocurrirle a deportistas que, aún teniendo una dieta equilibrada recurren a suplementos vitamínicos en dosis elevadas, en busca de aumentar el rendimiento físico.

Vitamina A – (Retinol)
La vitamina A sólo está presente en los alimentos de origen animal, aunque en los vegetales se encuentra como pro vitamina A, en forma de carotenos. Se almacena en el hígado en grandes cantidades y también en el tejido graso de la piel (palmas de las manos y pies principalmente). Se destruye fácilmente con la luz y con la temperatura elevada.
La vitamina A participa en la elaboración de enzimas en el hígado y de las hormonas sexuales y suprarrenales. Su déficit produce ceguera nocturna, sequedad en los ojos y en la piel. En cambio, el exceso de esta vitamina produce trastornos, como alteraciones óseas inflamaciones y hemorragias en tejidos del cuerpo.
El consumo de la vitamina A es recomendable en personas propensas a padecer infecciones respiratorias (gripes, faringitis o bronquitis), o con la piel seca y escamosa y como tratamiento complementario para la acné. La cantidad recomendada por día: 800-1000 µg.

Vitamina D - (Calciferol)
La vitamina D es fundamental para la absorción del calcio y del fósforo. Se obtiene de los alimentos como el huevo, hígado, atún, leche, o puede ser fabricado por el cuerpo cuando los esteroides se desplazan a la piel y reciben luz solar. Su excesivo consumo puede dañar los riñones y provoca pérdida del apetito. Si tomamos el sol frecuentemente no se requiere su inclusión en la dieta. En países no soleados o en bebés a los que no se les expone nunca al sol, el déficit de vitamina D puede producir descalcificación de los huesos (osteoporosis), caries dentales graves o incluso raquitismo. La cantidad recomendada por día: 5-10
µg

Vitamina E - (Tocoferol)
La vitamina E interviene en la formación de glóbulos rojos, músculos, y otros tejidos pero se ha observado que es imprescindible en la reproducción de algunos animales y previene el aborto espontáneo. Actúa como antioxidante en las células frente a los radicales libres presentes en nuestro organismo. Al impedir la oxidación de las membranas celulares, permite una buena nutrición y regeneración de los tejidos. Debemos asegurarnos un aporte suficiente de vitamina E si queremos mantenernos jóvenes y saludables. Posee la función de prevenir la oxidación de la vitamina A y las grasas.
El déficit de vitamina E puede ocasionar anemia, destrucción de los glóbulos rojos de la sangre, degeneración muscular y desordenes en la reproducción. Un exceso de vitamina E puede dar lugar a trastornos metabólicos, por lo que debemos limitarnos a consumirla en los alimentos de la dieta (cereales integrales, germinados, aceites vegetales, etc.) Hay que tener en cuenta que con la cocción de los alimentos se destruye gran parte de esta vitamina. No se debe tomar a la vez que los suplementos de hierro, puesto que ambos interactúan y se destruyen. Cantidad recomendada por día: 8-10 mg.

Vitamina K - (Fitomenadiona)
Se le llama antihemorrágica porque es fundamental en los procesos de coagulación de la sangre. Es necesaria porque produce una enzima llamada protrobina en la que interfiere en la producción de fibrina; que es la que finalmente interfiere en la coagulación. Se encuentra en las hojas de los vegetales verdes y en el hígado de bacalao, pero normalmente se sintetiza en las bacterias de la flora intestinal. Es muy difícil que se produzcan carencias en los adultos, pero puede darse el caso si nos sometemos a un tratamiento con antibióticos durante un período prolongado. En caso de déficit de vitamina K pueden producirse hemorragias nasales, en el aparato digestivo o el genito-urinario. Las necesidades del adulto medio son de unos 80 µg al día para los varones, y unos 65 µg para las mujeres. La cantidad recomendada por día: 8-10 gr. o el 3 % del aporte energético total.

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